Cuando parecía que no

Maria Vergara, noviembre 15th, 2012

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Cuando parecía que no

Ayer todo pintaba mal. Nos faltaba equipo y Dámaris, que podía venir, justo tiene un accidente el día anterior. Ella está bien, por cierto, pero me gustaría mucho si de todos modos podéis orar por ella y su familia.

En fin, que entonces Billie, de la iglesia de St. Georges de Barcelona, me escribe y me dice que por fin, después de muchos intentos, va a venir. Yo encantada, claro, me encanta ella y, como es inglesa, se entiende muy bien con las chicas nigerianas.
Cuando parecía que no iba a poder ser, Dios nos vuelve a sorprender con su fidelidad.

Pues ahí que nos fuimos, Billie y yo, mientras David oraba por todo.

A quien vimos primero fue a esta mujer de quien nos contaron que era la encargada de unas cuantas nigerianas, por no decir otra cosa, la madame, chula, o como quieras decirlo, vaya. Justo minutos antes venía yo explicándole a Billie sobre esta situación y le pedía consejo. Con el equipo habíamos tomado la decisión de que obviamente Dios nos llamaba a amarla igual que siempre, pero nos pesaba mucho este nuevo dato que conocíamos de ella así que decidimos intentar orar nosotras por ella y no al revés, como ella siempre quiere hacer, porque ahora nos incomoda bastante. Entonces tras explicarle esto a Billie ella me dice “sí, pero todos somos pecadores”. Esto me hizo pensar. No era nada que yo no supiese ya, claro que todos pecamos. Pero ¡ay! para nosotros los pecados siguen teniendo escalas, como por ejemplo, ser madame, tiene que ser mucho más horrible que hablar mal de mi amiga Pepa, ¿No? Pues bien, para Dios no, para Él es igual de horrible.
Entonces me di cuenta y me dije: “pues que ore, que ore lo que quiera, que para juzgarla y ver su corazón ya está Dios”. Lo curioso es que desde que nos enteramos de esto de ser madame, aunque no fue ella quien nos lo contó, ya no nos pide orar ella, sino que quiere que oremos por ella, siempre, como la última vez que la vimos, y también ayer.
Te pido que ores para que Dios siga dándonos sabiduría con esta mujer.

Durante esta semana Dios me había puesto mucha carga de oración por estas dos chicas nigerianas de las que os hablé la semana pasada. Y me permitió verlas de nuevo. Con la más jovencita pudimos orar de nuevo, con ella y unas más. Pasó algo, a lo que quizá ya debería estar acostumbrada, pero no, y es que la manera en la que nos sonreían al recibirnos y la manera en la que nos sonreían y abrazaban al despedirnos, después de orar juntas, fue totalmente diferente, mucho más íntimo y especial, y lo noté tan claramente que me sorprendí de mi propia sorpresa, si es que me entiendes, pero eso es bueno, es bueno, que las cosas que Dios hace siempre te llamen la atención y te maravillen. Eso hace que una siga con emoción por hacer estas cosas.

Con la segunda chica no pudimos hablar mucho, estaba con un hombre, uno de esos que podríamos llamar “si-no-es-un-cliente-vete-tú-a-saber-quién-es”, así que en esas situaciones hemos de tener cuidado. Cuidado. Yo. La persona más bocazas del lugar y alrededores. Ja. Por poco no se me escapa un “heeeey, ¡te llamo al móvil en un rato!”… Gracias a Dios por cerrarme la boca. Le cogí su carita, le planté un beso en la mejilla, le di un abrazo, me disculpé ante aquel hombre por interrumpirlos, y le dije a ella “I’ll talk to you soon” (hablamos pronto). Lo cual no sé si fue un poco imprudente por mi parte pero una parte de mi quiso decirle a ese hombre que nosotras formábamos parte de la vida de ella.

Esto es un poco lo que pasó ayer. ¡¡Espero que sigas con nosotros en la próxima aventura!!

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