Desde fuera

Maria Vergara, noviembre 14th, 2012

Desde fuera

El miércoles pasado me di cuenta de cómo puede ser que nos vean desde fuera, me refiero a gente que no es del equipo.
Resulta que volvíamos al local donde nos reunimos siempre después de ver a las chicas en el Raval, y dentro nos esperaban algunos amigos, ya que queríamos despedir en plan sorpresa a Maricarmen, que se ha marchado a México por unos meses.
La sorpresa funcionó, claro, ella no sabía que estarían allí esperándola. Pero nosotros, el equipo, teníamos que acabar la reunión de Zona Roja, como siempre que volvemos de la calle, comentando lo que ha pasado y orando por las chicas.
Lo que pasa es que este miércoles fue algo diferente al resto (aunque todos lo son) y bastante intenso, y mientras hablábamos y hablábamos cada vez más emocionadas, de repente me acordé que estaban allí los amigos que habían venido, y que nunca han estado en la calle, y me resultó gracioso ver sus caras y pregunté: ¿suena un poco raro todo esto, no? un poco aventurero…” y ellos contestaron: “sí, la verdad…” y yo les dije: “¡¡¡es que hoy ha sido emocionante!!!”. Y me dí cuenta de que ellos se emocionaban también.
Fue muy especial cuando nos pusimos a orar para finalizar, y ellos oraron por el equipo, por las chicas, formando parte del equipo como si siempre lo hubieran hecho.

Y esto fue lo que pasó:
Prometía ser una tarde bastante triste ya que a Maricarmen le tocaba despedirse de las chicas. Con las que tienes mucha relación siempre es más duro, claro.
Empezó siendo un poco frustrante porque nos daba la sensación de que a las chicas no les apetecía decir ni palabra. Está bien, a veces pasa.
Entonces fue cuando comenzamos a hablar con dos chicas, primero con una y después con la otra. Eran de Nigeria. Sea como fuere, Dámaris tenía mucha carga y me pedía que les dijese que podemos sacarlas de allí, que tenemos recursos y que iban a estar seguras. Esto no fue lo raro, lo raro empezó cuando ellas comenzaron a contarnos y admitir del peligro que corrían y del miedo que tenían. Cosa que ya sabíamos, pero no por ellas directamente. Puedo decir sin miedo a equivocarme que este fue el primer día que eso ocurrió.
Y como Dios responde, empezó a darnos palabras para ellas, para que no temiesen, para que recordasen sus promesas. Fue increíble, de verdad, el hecho de que fuesen tan directas y de que dejasen al menos que les diéramos esa posibilidad de salir, de salir y de acabar con todo y de cambiarlo todo de una vez por todas.
Escribo esto y a la vez me doy cuenta de que no sé expresarme bien y de que las palabras no alcanzan a expresar la maravilla de todo lo que ocurrió allí esa noche.
Y lo siento, siento que no pudieras ver los pelillos de nuestros brazos erizados, siento que no pudieras ver la esperanza en sus ojos y la paz que Dios da en sus caras, después de orar. Ojalá hubieras estado allí, los pelillos de tus brazos también se hubieran erizado, sin duda.

Salimos con la certeza de que Dios quiere más de ellas y de que Él va a hacer lo que haga falta para sanarlas.

¡¡¡Hasta la próxima!!!

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